En la Semana Mundial de Concienciación sobre el Herpes Zóster, que se celebra del 23 de febrero al 1 de marzo, en GSK impulsamos la campaña ‘La espina invisible’, una iniciativa que pretende aumentar el conocimiento y la sensibilización sobre esta enfermedad a través de la metáfora de una rosa.

La campaña 'La espina invisible' explica, a través de la metáfora de una rosa y sus espinas, cómo el virus varicela-zóster, que permanece latente en el organismo durante años, puede generar dolor cuando se reactiva, lo mismo que las espinas al entrar en contacto con la piel.
En una rosa, solo vemos belleza, pero las espinas que la acompañan pueden causar un dolor punzante al entrar en contacto con la piel. De manera similar, el herpes zóster actúa en silencio; cuando se reactiva, puede llegar a desencadenar un dolor intenso, incapacitante e incluso prolongado en algunas personas, especialmente a partir de 50 años.
El herpes zóster, conocido popularmente como "culebrilla”, está causado por el mismo virus que provoca la varicela y queda latente en el organismo pudiendo reactivarse años más tarde en forma de herpes zóster. Por este motivo, todas las personas que han pasado la varicela (más del 90% de la población adulta en España) está en riesgo de sufrir un herpes zóster. De hecho, se estima que una de cada tres personas de entre 50 y 90 años desarrollará esta enfermedad a lo largo de su vida; especialmente cuando el sistema inmunitario se debilita por el propio envejecimiento, porque se esté recibiendo un tratamiento inmunosupresor o se padezca una enfermedad crónica.
Herpes zóster, un virus latente
Cuando el virus se reactiva, los síntomas iniciales más comunes son picor, dolor localizado de tipo quemante o descargas eléctricas, habitualmente en el tórax, abdomen o cara a un solo lado del cuerpo, dolor de cabeza y malestar general que suelen durar entre uno y cinco días. Tras unos días, empieza la fase aguda, en la que aparecen zonas enrojecidas en la piel y pequeñas ampollas con líquido que se agrupan formando racimos, acompañadas de un dolor punzante. La forma en la que aparecen las ampollas es la que da el nombre familiar de “culebrilla” al herpes zóster.
El impacto del herpes zóster no siempre termina cuando desaparecen las lesiones visibles. En algunas personas el herpes zóster se puede complicar dando lugar a la neuralgia postherpética, una complicación caracterizada por un dolor neuropático persistente que puede prolongarse durante meses o incluso años después de que la erupción se haya curado. Este dolor crónico puede interferir de forma significativa en el descanso, la movilidad y la vida social, afectando de manera profunda a la calidad de vida. El 20% de los casos de neuralgia postherpética se presenta entre los 60-65 años y el 30%, por encima de los 80 años.
“Nuestro compromiso en esta Semana de Concienciación es dar visibilidad a una enfermedad que no siempre es bien conocida por la población, pero que puede causar mucho dolor a quienes la padecen, simbólicamente, como la espina de una rosa. De esta manera, reforzamos nuestro compromiso con la divulgación en salud, y trabajamos de la mano de los profesionales sanitarios para seguir acercando el conocimiento y la concienciación sobre patologías como esta, que pueden afectar a una parte importante de la población”.
En la página web virusherpeszoster.es puedes encontrar más información sobre esta enfermedad.
La finalidad de este contenido es únicamente informativa y no ofrece asesoramiento médico. En caso de duda, por favor, consulte con un profesional sanitario.



