El reto de la malaria: fabricar fármacos efectivos contra cepas resistentes

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el paludismo o malaria como una enfermedad potencialmente mortal causada por parásitos que se transmiten al ser humano por la picadura de mosquitos hembra infectados del género Anopheles. Se estima que cerca de la mitad de la población mundial está expuesta al paludismo. Cada año, se diagnostican en todo el mundo alrededor de 207 millones de casos de malaria y se producen más de 627.000 muertes a causa de esta enfermedad, la gran mayoría en niños menores de cinco años que viven en África subsahariana.

Conscientes de ello, “GSK se ha involucrado en la lucha contra la malaria durante décadas, y lo continuamos haciendo”, asegura Francisco Javier Gamo, director de la Unidad de Malaria de GSK. Desde la compañía se considera primordial tomar un enfoque global de la enfermedad para incrementar el uso de todos los instrumentos de control bien establecidos y seguir invirtiendo en el desarrollo y empleo de herramientas innovadoras. “Contamos con un programa activo de investigación y desarrollo (I+D) y colaboramos estrechamente con las más prestigiosas universidades y centros de investigación del mundo”, expone el director.

“GSK se ha involucrado en la lucha contra la malaria durante décadas”

GSK cuenta con un centro de investigación en Tres Cantos (Madrid), dedicado a la I+D de enfermedades de países en desarrollo, entre ellas, la malaria. “Desde GSK, hemos hecho muchos avances para lograr una vacuna efectiva, pasando por el desarrollo de nuevos fármacos como la tafenoquina y las labores de investigación que se realizan en nuestro centro de Tres Cantos”, apunta el director de la Unidad de Malaria de GSK.

“En este centro nos focalizamos en el descubrimiento y desarrollo de tratamientos diferenciados, que son los que se van a necesitar para cumplir con la agenda de la eliminación de la malaria”, añade. También insiste en la necesidad de encontrar fármacos capaces de actuar a nivel hepático para prevenir la enfermedad, “fármacos que puedan impedir la transmisión del parásito y hacer posible que el número de dosis sea muy reducido para que el tratamiento se cumpla en su totalidad”. GSK también dedica todos sus esfuerzos en el plan de acceso y distribución de medicinas, así como en la educación de personal sanitario en países en vías de desarrollo a través de colaboraciones con fundaciones y otras organizaciones.

GSK es pionera en seguir el modelo de innovación abierta en su centro de I+D en España, el Diseases of the Developing World (DDW), ya que “la colaboración no solo se reduce a moléculas y modelos experimentales, sino que también tenemos la posibilidad de acoger a investigadores de otras instituciones en nuestras instalaciones a través de nuestra iniciativa de laboratorio abierto”, expone Francisco Javier Gamo. En 2010, la farmacéutica británica abrió al mundo su base de datos con 13.500 compuestos con potencial antimalárico.

El avance de los tratamientos

El año pasado, GSK y MMV (Medicines for Malaria Venture) publicaban el resultado de unos estudios dónde se afirmaba que un nuevo tratamiento lograba reducir el riesgo de recidiva en pacientes con Plasmodium vivax. “Es un avance definitivo en la lucha contra el parásito P. vivax, que empieza a ser la especie predominante que causa la malaria fuera de África”, asegura Francisco Javier Gamo. Hoy en día, este tratamiento se ha convertido en una futura esperanza para la lucha contra la malaria causada por este parásito. Desde 2008, GSK y MMV trabajan de forma conjunta para desarrollar una dosis única de este medicamento como alternativa al tratamiento estándar actual, que los pacientes con malaria ocasionada por P. vivax deben tomar durante 14 días.

El problema surge cuando la malaria es causada por otro parásito, el Plasmodium falciparum. “Algunas formas de este parásito permanecen ocultas en el hígado y no se ven afectadas por los tratamientos estándar que eliminan el parásito de la sangre. En algunos casos, al cabo de unas semanas, incluso meses, el parásito del hígado se reactiva y puede causar malaria en pacientes que en principio se habían curado”, asegura Gamo.

El Director de la Unidad de Malaria de GSK pone énfasis en la fabricación de nuevos fármacos que sean efectivos contra cepas resistentes y que eviten la transmisión de la enfermedad. “Eso se consigue eliminando las formas sexuales de la sangre, los llamados gametocitos, que son los responsables de la transmisión de la enfermedad. Necesitamos fármacos que actúen a nivel hepático y que eviten la multiplicación de este órgano antes de que pase a la sangre”.

La malaria, una biología muy compleja

A diferencia de los virus y las bacterias, los parásitos -especies que causan la malaria- tienen una biología muy compleja. “Uno de los principales problemas es la gran capacidad del parásito para mutar y eludir así la acción de fármacos y vacunas. Unido a que la enfermedad tiene especial incidencia en países en vía de desarrollo, produce la combinación perfecta para la persistencia de esta enfermedad a lo largo de los años”, asegura Gamo.

“La malaria es un objetivo ambicioso pero conseguible”

Aun así, el Director se muestra optimista con el objetivo que estableció la OMS en 2015, fijando el año 2030 como límite para eliminar el paludismo en 35 países: “Es un objetivo ambicioso pero conseguible. Es importante no caer en el triunfalismo, ya que en los últimos años ha habido un descenso importante en el número de casos y muertes pero el último informe de la OMS indica que el número de casos ha aumentado ligeramente con respecto al año anterior”. Desde GSK, seguiremos trabajando para que la gente pueda hacer más, sentirse mejor y vivir más tiempo.

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