Asma grave: cuando las defensas actúan en nuestra contra

En torno a 36 millones de personas en el mundo viven con asma grave. Sin embargo, el número de afectados por esta patología puede descender en un futuro gracias a un mayor conocimiento sobre el funcionamiento inadecuado de algunas células sanguíneas.

¿Cómo se te presenta el día? Seguramente te levantarás, irás a trabajar, quedarás con tus amigos para cenar – y después llegarás a casa y te irás a dormir para reponer fuerzas y afrontar una nueva jornada el día siguiente.

Lo que para ti es un día normal, para una persona con asma grave se convierte en algo extraordinario. “Tengo que programar toda mi jornada pensando siempre en mis pulmones” explica un afectado por este tipo de asma.

De los 358 millones de personas en todo el mundo que viven con asma, se estima que el 10% está diagnosticado de asma grave. El asma grave es un tipo de asma en el cual, las personas luchan por controlar sus síntomas. De hecho, pueden continuar teniendo ataques de asma (exacerbaciones), incluso cuando tienen un tratamiento a altas dosis.

Para muchos pacientes con asma grave, las tareas más simples del día a día se convierten en las más difíciles. Y muchos de ellos viven constantemente con el miedo a su siguiente ataque de asma o a no ser capaces de respirar.

No todos los tipos de asma son iguales

El asma es una enfermedad crónica que afecta a los pulmones y provoca la inflamación de estos, estrechando las vías respiratorias. Esto puede implicar distintos síntomas, como tos, sibilancias, dificultad para respirar y presión en el pecho. Cuando estos síntomas empeoran, pueden desencadenar un ataque de asma.

Gracias a los avances en el tratamiento de esta patología, muchos pacientes pueden controlar la enfermedad con un tratamiento diario. Sin embargo, las personas que para controlar su asma requieren de un tratamiento con altas dosis de fármacos, se clasifican como “asma grave”.

Diferentes estudios apuntan que cada caso es distinto. Esta enfermedad puede producirse por diversas causas y provocar diferentes tipos de inflamación. En el caso de algunos pacientes, por ejemplo, la inflamación de los pulmones puede estar provocada por alérgenos ambientales, como los ácaros del polvo, el polen o el moho. En otros casos, es el propio cuerpo el que provoca las reacciones.

Cuando las defensas juegan en nuestra contra

Todos nosotros tenemos eosinófilos en nuestro cuerpo, un tipo de glóbulo blancos generados en la médula ósea que se consideran una de las partes más importantes de nuestro sistema inmune. Este tipo de células se encargan de luchar contra los parásitos y se encuentran principalmente en el intestino. Además, junto con otras células, forman una red compleja que nos ayuda a protegernos y a mantenernos sanos.

Sin embargo, se dan casos en los que los eosinófilos causan problemas. Casi la mitad de los afectados por asma grave tiene un elevado nivel de eosinófilos en su flujo sanguíneo que causa inflamación e hinchazón en las vías respiratorias, dificultando así la respiración y aumentando el riesgo de padecer un ataque de asma.

“Los científicos no acaban de determinar la razón por la que los niveles de eosinófilos aumentan en algunas personas” explica Steve Yancey, del equipo respiratorio de GSK. Después de estudiar Biología y Fisiología, Steve trabajó en el mundo de la investigación académica antes de entrar a formar parte de GSK como monitor clínico en respiratorio. Durante su carrera profesional, se ha involucrado en varios avances importantes relacionados con la medicina respiratoria.

“Muchas veces, los casos de asma grave se originan por la exposición a factores del ambiente, como virus- que provocan resfriados- o alérgenos”, explica Steve y añade: “Estos factores desencadenan una respuesta alérgica exagerada en las personas más susceptibles, que provoca que los eosinófilos reaccionen de manera desproporcionada”.

Los eosinófilos recibieron este nombre a finales del siglo XIX, aunque fueron descubiertos mucho antes. En 1878, el médico alemán Paul Ehrlich introdujo el término para describir aquellas células con gránulos que aparecían cuando entraban en contacto con la eosina, un tinte sintético de color rojo. Ehrlich especuló que estás células podían causar asma, diversas enfermedades de la piel y reacciones a los medicamentos. Años después, se comprobó que Ehlrich estaba en lo cierto.

“En los últimos años, hemos aprendido mucho sobre el papel de los eosinófilos y su relación con el asma grave”, afirma Steven. “Este aprendizaje ha hecho que podamos dar respuesta a muchas preguntas, permitiéndonos desarrollar tratamientos que nos lleven a la raíz causal de los síntomas de algunos pacientes con asma grave”.

La función de los biomarcadores en los productos biológicos

Los eosinófilos son un biomarcador, esto es, moléculas, genes o características por las cuales una enfermedad concreta puede ser reconocida. Gracias al conocimiento de los biomarcadores y su papel en el cuerpo humano, los científicos pueden llegar a identificar formas de desarrollar tratamientos personalizados para diferentes condiciones respiratorias.

Recientemente, y con la ayuda de un grupo de científicos de GSK, hemos entendido que los niveles de eosinófilos en sangre de aquellos pacientes que sufren ataques de asma frecuentes pueden ayudar a marcar un uso adecuado de los medicamentos.

Científicos de GSK han desarrollado productos biológicos, producidos a partir de células vivas en lugar de procesos químicos, que tratan el asma eosinofílica grave mediante la reducción de los niveles de estos glóbulos blancos problemáticos, a través de bloquear una proteína en concreto. El eosinófilo ayuda a identificar a los pacientes que tienen más probabilidades de beneficiarse de estos tratamientos.

“Entender cómo funciona la biología de forma diferente en cada paciente es la clave para el tratamiento personalizado. De esta manera, los tratamientos se pueden dirigir de forma muy específica, ayudándonos a obtener el tratamiento correcto para el paciente adecuado” dice Steve.

En un futuro, Steve espera que algún día estos tratamientos tengan una función más preventiva.

“En última instancia, estamos buscando estrategias que puedan hacer que, el paciente que está en riesgo de padecer asma prevenga la aparición de la enfermedad y quizás evitar que llegue a desarrollar asma grave”.

Puedes acceder al artículo original de Behind the Science.

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