El día a día de un entomólogo que lucha contra la malaria

Los animales y la naturaleza siempre me han fascinado. Recuerdo que cuando era pequeño sentía mucha curiosidad por los insectos: a veces llegaba a casa del colegio con algún bicho que había encontrado por el camino con la intención de mantenerlo en casa, lo cual no era de agrado para mis padres. Pero mi pasión por estos animales desde entonces no es pura casualidad. Soy Doctor en Entomología, la ciencia que estudia los insectos, y desde el año 2014 combino esta pasión con la lucha contra la malaria en las instalaciones de I+D de GSK en Tres Cantos, en el centro Diseases of the Developing World (DDW).

“En nuestras instalaciones criamos cada semana una cantidad aproximada de 10.000 mosquitos de la especie Anopheles stephensi, originaria del sudeste asiático”

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la malaria es una enfermedad que, en 2017, afectó a más de 219 millones de personas en todo el mundo. Se transmite a través de la picadura de los mosquitos pertenecientes al género Anopheles, del cual existen aproximadamente unas 40 especies. En nuestras instalaciones criamos cada semana una cantidad aproximada de 10.000 mosquitos de la especie Anopheles stephensi, originaria del sudeste asiático. ¿Cómo lo hacemos? Dentro de un espacio confinado de un laboratorio bajo las más altas medidas de seguridad (este laboratorio tiene un nivel 3 de seguridad).

Desarrollamos los mosquitos en unos incubadores a 26,5ºC de temperatura, 80% humedad relativa y un fotoperiodo de 14 horas de luz y 10 de oscuridad. El proceso es simple ya que, como todos los insectos, el mosquito pasa por cuatro fases de desarrollo: huevo, larva, pupa y adulto. La fase de transformación de larva a mosquito adulto no conlleva más de doce días y una vez llegan a esta fase, los mantenemos con una solución de azúcar al 10% en agua. La mayoría de los mosquitos que criamos los utilizamos para realizar ensayos que nos permitan investigar y descubrir nuevos fármacos para combatir el paludismo.

Los experimentos consisten en alimentar artificialmente al mosquito con sangre infectada con el parásito de la malaria dentro de un sistema cerrado de agua caliente (37ºC), conectado a una bomba y a unos alimentadores de cristal de doble apertura que son cubiertos con una membrana por un lado y que se llenan de sangre infectada por el otro. Una vez tenemos los mosquitos infectados, los mantenemos con la solución de azúcar durante una semana. Transcurridos los siete días, diseccionamos el estómago para contar el número de quistes presentes en el mosquito: son los oocistos del ciclo del parásito que al desarrollarse producen los esporozoítos que el mosquito liberará en la sangre del huésped al picarle para alimentarse. Si el fármaco testado en el ensayo tiene buenas propiedades antimaláricas, no habrá quistes en el estómago, lo que significa que el mosquito no podrá transmitir la malaria.

“A lo largo de estos años, hemos estado trabajando duro para lograr la primera vacuna contra la malaria y un nuevo tratamiento contra Plasmodium vivax”

En el DDW tenemos los científicos, conocimientos e instalaciones que nos permiten estudiar todos los estadios del parásito del paludismo. Esto nos ha permitido identificar tres compuestos como candidatos clínicos, de los cuales uno de ellos va a ser probado en humanos el año que viene. Por otro lado, GSK a lo largo de estos años ha estado trabajando muy duro para lograr la primera vacuna contra la malaria, así como un nuevo tratamiento contra Plasmodium vivax que, gracias a su efectividad y propiedades, reduce el tiempo del tratamiento a una sola toma por parte del paciente. Se trata de dos importantes hitos que constituyen un importante avance en la lucha contra la enfermedad.

¿Cuáles serán las claves que marcarán el futuro de la investigación de la malaria? No lo sabemos con certeza. Sin embargo, desde el DDW seguiremos investigando para encontrar fármacos efectivos que sean capaces de actuar a todos los niveles incluyendo los estadios hepáticos para prevenir la enfermedad tras la transmisión del parásito por la picadura de un mosquito.

La sensación de reto constante y el hecho de estar involucrado en la lucha contra una enfermedad tan compleja y difícil de erradicar como es la malaria son algunas de las cosas que más me gustan de mi trabajo. Pero lo que hace que no pierda en ningún momento la pasión por lo que hago es, sin duda, la satisfacción que obtengo tras realizar un ensayo y conseguir resultados positivos.

David Calvo, Biólogo entomólogo e investigador de I+D del centro de investigación DDW

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